sábado, 2 de marzo de 2013

EL LADRÓN

Salí de la librería a eso de las 19. Me había robado un par de libros... En la ruta de Jack Kerouac y un ensayo del siglo XX por Alan Badiou pero lo más importante, era el haber recuperado el viejo "Juguete Rabioso" de Arlt. Desde que, había llegado a Buenos Aires, lo había vendido y recuperado una dos o tres veces. La primera vez que lo vendí, sentí una tristeza honda, parecida al dejar a alguien muy querido en el medio de una plaza publica prometiéndole que desde luego, algún día,llegarìa el reencuentro. Prometiendo que el amor recuerda y que, sabe de tesoros que se vuelven a buscar. Pero, sabiendo que esa misma promesa es también, ilusión. Cada vez que vendía un libro, tenía la intuciòn de que ahí estaba abandonando a otro libro, que me esperaría sobre un anaquel, cual doña rosita la soltera. Lo vendía por unos pocos billetes (Es sabido que los usureros hacen de la necesidad su negocio)pero eso no justificaba, ni mi venta ni el posterior hurto para "recuperar" lo perdido, lo vendido por dos pesos. "La necesidad es hereje", pensaba. "El fin justifica los medios", decìa. ¡Son usureros!, me apaciguaba en la culpa. "la cultura al alcance de todos" profesaba. "Es justo" sentía, y una eseranza me dibujaba como un Robin Hood de mí mismo. Pero nada de eso alcanzaba...Ahí estaba dejando ese libro, prometiéndole un regreso... casi como si yo mismo fuese el padre que besa la frente de su hijo, sube al barco y se pierde en el mar. Casi como si estuviese repitiendo la historia, antes de que papá durante mi infancia, comenzara a viajar a China, a Japón... vaya a saber. Sabía que, que aunque algún que otro vaivén me permitiese volver a adquirir el libro como tal, no recuperarìa "ese" particular libro. "Ese" que había sido hojeado por mamá. "Ese" libro particular y especial que yo había encontrado alguna vez en la biblioteca de la casita de córdoba, entre otros muchos otros libros, apilados, de edición barata. "Ese" libro que jamás iba a olvidar, y que tenía en la primera pàgina, "esa" particular dedicatoria a mamá, en la que alguien le decía no sé qué de la felicidad de los cumpleaños y de los nacidos en el mes de Acuario..."La felicidad" Una tremenda estupidez que no podìa decir alguien que realmente hubiese navegado esas páginas.Tampoco habrìa podido recuperar "ese" libro que luego de su primer dedicatoria, tenía otra, la de mamá traspando a es epequeño legado, esa pequeña herencia cultural, ahora a mí: "Me hubiese gustado poder darte más.Te amo. Mamá". Y yo, tirando toda esa.. historia por la borda. Por dos pesos. Miraba los ojos de mi comprador,usurero y redentor... Analizaba sus estudiados gestos para demorar la transacciòn. Miraba sus pómulos chupados, sus poros grasientos, su bigote amarillo de nicotina, su seño de intelectual desvergonzado en la lucha por vivir. Y yo pensaba, y algo de mí se apiadaba hacia ese ser que también detestaba... Quizás el también vendío y abandonó libros, madres, hijos.. Quizás el también fue abandonado. Quizás también es un desesperado y el tiempo lo puso así de cruel, así de bestia cínica bien humana, demasiado humana. Sus labios se torcían canallas, haciendo una mueca de disgutos al distinguir las letras de la dedicatoria de la primera y segunda página. Como si un eructo estuviese a punto de salir justo ahí donde se habían desparramado lágrimas de mamá entre la tinta con la que había escrito... ¡Justo ahí!El hacía ese cochino gesto! El profanaba el recuerdo y lo usaba a su favor para jugar con mi desesperación, para ganarme en precio. "A este ya lo tenemos bastante" decía, y lo manoseaba, en silencio. pasaba las páginas, mojándose con la lengua el índice. en la concha de la tinta de mamá. Yo miraba, estúpido, boquiabierto, inutil, impotente. "Cuánto te puedo dar por esto?" Decía como haciéndose el que había pensado en voz alta, como haciendo que me hacía un favor. Y yo sentìa por dentro la necesidad de escupirlo, de patear el mostrador y salir corriendo. Pero me aguantaba... Por esos cuantos pesos que eran la cena, que eran un café leyendo otro libro en un cafecito burgués, como si yo fuese uno más. Y finalmente,el comprador/usurero/redentor, desganado, decía un valor. Yo dudaba, simlando una dignidad, un orgullo que sabía perdido. Recordaba, me prometìa "Voy a volver a buscarte libro/mamá/infancia/hijo. Voy a volver a buscarte" Agarraba esos billetes sucios,miraba al viejo con odio contenido,iracundo. El me devolvía la misma mirada porque entendía, y luego yo sonreìa y decía "Gracias" y el también sonreìa y decía "volvé cuando quieras". Y yo me iba diciendo hacia adentro; ¡"Claro que voy a volver estúpido usurero"! Y le idea de un futuro que me redimiese de toda esa mugre se abrìa paso hacia mí, como una promesa, como una idea que me estallaba en el corazón, y dejaba libre, volando, soñando con cargar menos peso, menos lástima de mi mismo; "Claro que voy a volver". Y salía a la calle, casi tranquilo. Acariciando con asco los billetes en el bolsillo del pantalón de bolsillo anchos que luego me permitirìa robar en la misma librerìa, los libros que luego habría de vender ya sin dedicatorias, ya sin tinta ni recuerdo entre las manos. ya sin culpa. "Clkaro que voy a volver".

No hay comentarios:

Publicar un comentario